Hoy el abuelo Benito cumple 70 añitos de nada. A mí, y no lo puedo evitar, me parece el mejor papá del Mundo, con permiso de los otros papás.
A pesar de estar pasando un verano un poco pesadito, ya que empezó con una neumonía y siguió con su cruzada contra el puñetero mosquito tigre, está disfrutando de sus nietos y nietas cuando van y vuelven de vacaciones.
¡Aquí va mi pequeño homenaje a mi papaíto, que se lo merece!
(Lo que me ha costado encontrar una foto suya, ésta es del 2005. Y es que hay gente que cuando ve una cámara sale corriendo en dirección a ella para salir en la foto en primerísima fila y otra, como él, que sale corriendo en dirección contraria).
Pues sí, desde ayer a mediodía estamos de vuelta en casa. Bueno, en nuestra casa habitual, porque hay personas que no sabemos muy bien dónde está nuestra casa. No se trata de que se tengan o no casas en propiedad. Eso no tiene nada que ver. Se trata de que cuando estás en un sitio todo tu ser te dice que ésa es tu casa.
A mí no me pasa esto en mi lugar de residencia habitual. Vivo aquí, es aquí donde trabajo y me gano la vida, donde se están criando mis hijas, donde está mi familia más cercana... y aquí soy feliz. Muy feliz. Pero mis pies quieren ir a otro sitio, mi cabeza está permanentemente en otro lugar y mi alma vuela lejos. Demasiado lejos.
Cuando estoy allí me siento en paz conmigo misma y no consigo irme de allí sin que se desgarre algo dentro de mí. Lo único que he conseguido es acostumbrarme y pensar que cada año puedo estar en paz algunas semanas.
Así que esta vuelta no es simplemente el final de una parte de las vacaciones. Si sólo fuera eso sería fácil amoldarse a las semanas que quedan para estar en casa. Es algo más, un poco más complicado...
SIETE PUERTAS (TAN CERCA DE MI) - Pedro Guerra
Mi casa está en el mar con siete puertas. Yo ya no vivo allí pero me esperan el viejo que no entiende mis canciones, la plaza, los fantasmas, los rincones, el tiempo de llorar, las ganas de cantar y un niño que se llena de razones.
Mi casa está en el mar con siete puertas. Yo ya no vivo allí pero me esperan el cubo de pescar de cuando pibe, querer y no saber cómo decirte, la madre y el hogar, los pies en el lagar, la lluvia y un lugar donde escribirte.
Mi casa está en el mar con siete puertas. Yo ya no vivo allí pero me esperan la calle, el futbolín, las emociones, la línea que divide las naciones, los días de Taller, Mujer que no tendré y el barro que manchó mis pantalones.
Mi casa está en el mar con siete puertas. Yo ya no vivo allí pero me esperan la estrecha inmensidad de las ciudades, la marca que nos dejan la verdades, la fe de transformar mi casa y mi lugar y el vino que alegró las amistades.