La profesión que elegí todavía me da satisfacciones casi a diario. Es la verdad, aunque pueda parecer mentira que después de más de 13 años eso sea así.
Hay cursos más duros, pesados y otros más ligeros. Este año he tenido un buen curso, y cruzo los dedos para que termine así, ahora que quedan tres días.
Ayer tuve dos grandes satisfacciones. De la primera sólo decir que empiezo a sospechar que sacaremos adelante a alguien en quien nadie tenía esperanzas. Formo parte de un equipo de docentes impresionante, y eso es un grandísimo privilegio.
La segunda es lo que llamo una satisfacción retroactiva. Cuando iba a coger el tren me paró un chico joven. Lo reconocí, aunque no recordaba su nombre en ese momento. Era un alumno que tuve hará unos cinco o seis años y al que le di clases de francés durante tres o cuatro cursos. Al hablar con él me contó que se acuerda mucho de mí y tenía ganas de verme para explicarme que está acabando Derecho Comunitario y que el año que viene estudiará en una Universidad Francesa su último curso. Que sigue recibiendo clases de francés y haciendo exámenes oficiales y que está más que ilusionado.
Quedamos en que un día vendrá a contarme cómo le va, y espero que lo haga.
No soy una de esas profesoras que intenta que sus alumnos le agradezcan su trabajo durante toda su vida. Me gusta dejar mi trabajo en ellos, pero sin que se note. Prefiero saber que he podido ayudar, abrir un camino, orientar o enseñar a los chicos y chicas que tengo en mis clases, pero que ellos tengan la impresión de que el mérito es todo suyo, porque en el fondo lo es. Pero también tengo que confesar que cuando me encuentro con un antiguo alumno o alumna y veo que me recuerdan con cariño y que he podido dejar mi granito de arena en su formación me lleno de satisfacción y se me renuevan las ganas de seguir en la docencia.
Enfin, alegrías que se lleva una de vez en cuando.
martes, 17 de junio de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
2 comentarios:
Hola soy Bethy y te saludo desde México. También soy Mami adoptiva, tu post del dìa de hoy me ha hecho recordar un poema de Poldy Bird ( Argentina) que se llama "Ventanas" tiene unas líneas muy lindas, pero con tu texto recuerdo unas en particular que dicen : " Para dejar una huella, hay que quedarse un poco en lo que se hace; la tiza dibujando palabras en el pizarrón del grado, la esposa planchando la camisa del marido, la mano apretando con tibieza la mano del hijo.. para dejar una huella ... chiquita como una corola de violeta, no importa su tamaño, sino el signo que indique que pasaste por ahi". Todo el poema es lindo. Que hermoso sentir que puedas quedarte en el recuerdo de la gente, yo recuerdo con mucho cariño a una maestra que tuve en mi infancia a la que nunca volvi a ver y a la que siempre quise decirle lo mucho que le admiraba y la huella que dejo en mi para siempre. Un gusto pasearme por aqui. Un abrazo. Bethy.
Gracias por tan bonito poema. Refleja exactamente lo que quería decir en el post y me ha emocionado por su sencillez y su belleza.
He visitado tu blog y me ha gustado mucho. Entraré a menudo.
Un abrazo.
Publicar un comentario